Societat Anònima

¿Qué es un facha?

hazteoir

¿Qué es un facha? Pepe Rubianes tenía una respuesta muy explícita: “notarán la presencia del facha por el olor a mierda que despide desde la butaca. Si se va, déjelo que se vaya. Que vayan a cagar que es donde ellos están bien, entre la mierda que es lo suyo”. Fachas hay en todo el mundo y no siempre tiene que ver con la dialéctica izquierda-derecha. Se pueden llamar Trump, Salvini, Guerra o Bolsonaro pero su marco mental es siempre el mismo. Analicémoslo.

Para empezar, un facha es alguien que quiere firmar por ti. Tiene la necesidad de decidir por ti, de despojarte de tu voz, de silenciarte empleando el instrumento que sea necesario, incluida por supuesto la violencia. O casi diría que, sobre todo, con la violencia. Un facha no admite que pongas en duda sus referencias. No lo soporta. Lleva muy mal que lo sitúes ante sus contradicciones. Si es islamófobo (que lo es), no le recuerdes los ocho siglos de presencia en la península de Al-Andalus. No lo soporta. Le estallan las neuronas si debe conjugar su islamofobia con el equipaje de influencia árabe que se adjunta a su identidad.

Un facha es alguien que cree que “llamar a las cosas por su nombre” es algo que se asimila a la verdad. Bueno, eso al menos hasta que le llamas facha. Entonces no digas las cosas por su nombre ya que le estás insultando. ¿Trump llama a las cosas por su nombre? No siempre. Escribió un tuit diciendo que había pagado mil “hamberders”. En su descargo hay que decir que lo escribió a las 7:58 de la mañana y que a esas horas ya había fundido el número de neuronas activas para pasar el día.

trump

Un facha también es alguien de maneras viriles. Un muy macho y mucho macho. Un facha es como un anuncio de compresas: monta a caballo como Abascal, hace mil abdominales como Aznar y se tatúa en modo puerta de lavabo chungo como Ajram. No sé si también se pregunta a qué huelen las nubes. Shum, shum… shum, shum…

Un facha apela a un pasado mítico. Es como el pesado que vas por la décima temporada de una serie y aún recuerda perfectamente el tercer capítulo de la primera. Le dices que un personaje de ese capítulo murió en la quinta y se enfada. ¿España tiene un pasado mítico? Depende de lo que se considere mítico. Para mí la mítica nace en la conquista de derechos sociales, en la aparición de genios en la cultura o en los avances científicos. Y en eso estoy de acuerdo. Para otros es sangre y semen. La sangre que se derramó para conquistar territorios y el semen que los monarcas fueron eyaculando en sus uniones dinásticas. Estos adoradores de la sangre y el semen jamás mencionan la pérdida de territorios del imperio español. Pérdida que aún no creo que haya terminado.

¿Le gustan las teorías de la conspiración a los fachas? Por supuesto. Y las fake news y las mentiras. Es su materia prima. Y te dicen que en los colegios catalanes los niños no pueden hablar en castellano. Y se lo acaban creyendo. Y te etiquetan como xenófobo, supremacista, y no sé cuántas cosas más. Y se lo acaban creyendo. Y te llaman golpista por poner urnas y votar. Y se lo acaban creyendo. La irrealidad es su medio natural porque la verdad tiene la costumbre de llevarse mal con las paranoias.

¿Tiene una cierta obsesión por una especie de sexo normativo en plan esto sí, esto no? Toda la obsesión del mundo. Y te envía autobuses con lo de los niños tienen pene y las niñas vaginas, y despliega su homofobia allá por donde va y convierte el heteropatriarcado en una especie de religión cojoncista en la que todo se hace “por mis cojones morenos”. Que si la familia tradicional, que si las feminazis, que si la mujer-mujer y el hombre-hombre… Y pensar que en cuestión de testículos el sonido de Franco no era estéreo…

El facha también es victimista. Pobrecito, el facha. La ley de género le oprime, en Catalunya no puede hablar en castellano, los inmigrantes le roban el trabajo, quita lazos amarillos de los espacios públicos porque está muy preocupado por los residuos plásticos y el mundo parece que está obsesionado con apartarle de una vida de éxito. Pobre facha. En poco tiempo, la Fundación Francisco Franco se convertirá en ONG y acogerá a todos los pollaviejas discriminados que llorarán sus penas en terapias de grupo. Hola, me llamo Martínez el Facha y mi novia me dejó por un tío inteligente, con estudios, culto, respetuoso, viajado y gran profesional. Me pregunto qué ve en él que no tenga yo.

Para terminar (de momento) al facha no le gusta el humor. O mejor dicho, no le gusta TU humor. Él se puede reír de las desgracias ajenas a mandíbula batiente pero no lleva bien que tú te rías de él. Forma parte de la estirpe de los ofendiditos. Todo le ofende: sonarse con una bandera, las portadas de El Jueves, los chistes sobre fachas… Es el primero que habla sobre los límites del humor, sobre la libertad de expresión y sobre que no nos podemos reír de todo, hombre ya. Pero al mismo tiempo, en un sorprendente giro del destino, es capaz de cachondearse de las discapacidades de una persona, del aspecto físico de una mujer o de la muerte de catalanes en la tragedia de Germanwings. Así es el facha, alguien que fija límites ajenos pero que es capaz de dividir su marco mental en dos, para jugar al mismo juego con reglas diferentes.

¿Te ha molestado este texto? Pues nada, vuelve al inicio y lee lo que dijo Rubianes.