silviasanz

Estimada, o no:

En una de las escenas de la maravillosa película Martín (Hache) de Adolfo Aristarain, el personaje que interpreta Juan Diego Botto se queja a su padre, Martín Echenique, de que todo el mundo le conozca como Hache para distinguirle de su padre. Argumenta que la hache es la letra que muchas veces no suena. Y tiene razón. La hache es discreta, humilde. Tiene su espacio en el universo de las palabras castellanas pero no siempre cuenta con el derecho a ser pronunciada. A veces tengo la sensación de que muchos catalanes somos como la letra hache. Sólo se nos quiere cuando aportamos un valor, que normalmente es económico, o cuando nos juntamos con determinadas letras y ocupamos espacios que nos rescatan del silencio.

Hacer es un verbo que empieza por hache, como humildad, habilidad, hablar, hermano, hermana, hermoso, hermosa, humanidad… Echar no empieza por hache pero echar a alguien del espacio público abusando del poder lleva a la humillación, que sí empieza por hache. Echar a la gente de un país por pensar diferente, echar a unos cuantos millones de catalanes del espacio mediático condenándoles a tener que soportar día sí y día también el hecho de ser calificados como fanáticos, terroristas, ignorantes o adoctrinados es el mejor principio para el horror que, por cierto, también empieza por hache.

Volviendo a Martín (Hache), uno de mis momentos preferidos lo protagoniza Federico Luppi: “no se extraña un país. Se extraña el barrio en todo caso pero también lo extrañas si te mudas a diez cuadras. El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país es un tarado mental. La patria es un invento”. Estoy de acuerdo. La patria no es una bandera. La patria no es un himno. La patria no es un rey. La patria son tus amigos, tu familia, tu lengua, tu cultura. La patria es lo que tú quieras que sea. Puede ser un libro que leíste hace años en tu primer vuelo de avión o una novia a la que no supiste decirle que aún no sabías nada del amor. La patria es la memoria, los recuerdos, un café con leche en el Zurich, mirando las Ramblas o el último beso antes de que llegue el metro de la línea verde. La patria no es un DNI en el que además la foto no te hace justicia. La patria no es un presidente del gobierno o un ministro. La patria ni siquiera son guerras que no viviste, que ni ganaste, ni perdiste. La patria es el tiempo de biblioteca, estudiando tu futuro. La patria es el primer contrato o el último finiquito. La patria es un proyecto juntos, unos hijos o unos nietos. La patria también es la soledad y el silencio elegido. La patria es transmitir a tus hijos la lengua que te enseñaron tus padres. La patria no cabe en un tuit, ni es la policía o el ejército. La patria es uno mismo ante el vacío, ante el abismo. La patria es una promesa de felicidad en los labios de quien deseas.

Reivindico la hache, a todas las haches que pertenecen a la sociedad anónima. Las haches de lazos amarillos, las haches de la cárcel y el exilio, las haches que tienen vocación de sonido.