Nos queréis humillados. Nos queréis sumisos. Nos queréis derrotados. Ya es un triunfo. Al menos significa que existimos. Lleváis años negando las multitudes que llenan calles para deciros que no confían en vosotros, que les habéis fallado, que no creen en el chiringuito que os habéis montado para vuestro disfrute y el de los que se agarran a banderas por no poder agarrarse a sus vidas.

Queréis que desaparezcamos, como el niño que cierra los ojos ante el estropicio de un cristal roto por jugar con el balón donde no debía. Queréis que de repente nos esfumemos en nuestra monotonía, agradecidos por ese estado, oh supremo creador de todas las cosas, por esa casi inmaculada Constitución que sólo toca la Merkel en sus ratos de ocio. Y cantáis el Viva España. Toma ya, esperpento cutre. Y os lanzáis sillas a la cabeza, os tatuáis aquello por lo que en otros países os detendrían, rompéis cristales de medios de comunicación y golpeáis al que no piensa como vosotros (¿pensar? Tomároslo como un elogio). Y os pasáis el día soltando por vuestra monárquica boquita palabras como prohibir, intervenir, censurar, querellar o expulsar. Es realmente precioso vuestro carisma y poder de seducción.

Habéis construido durante años un enorme muro de odio entre Catalunya y España. Vosotros y los Pujoles de la puta y la ramoneta (también hay que decirlo). Y ese muro ya es insalvable y se levantará durante generaciones. Habéis golpeado a nuestros ancianos, nos habéis robado urnas con nuestros votos dentro y habéis secuestrado a líderes sociales y políticos. La maquinaria es potente, sí. Maquinaria que también pagamos los catalanes. Porque cuando oigo al fiscal Maza o a la juez Lamela y pienso que comerán caliente en su casa con dinero también de los catalanes, siento un enorme asco.

Pues sí. Nos queréis vencidos, mirando baldosas en el suelo. Y empiezo a no creer en la frase “no todos los españoles son iguales”. Demasiados intelectuales y pijoprogres me han decepcionado. Demasiados autoproclamados de izquierdas han perdido ya toda dignidad de clase. Basta ya. Vamos a llenar las calles de Catalunya de tanto amor por la libertad que vuestro odio tendrá que huir. Tenedlo muy presente.